Domingo, 25 de diciembre de 2005
Acabo de leer el correo-regalo que me ha llegado de mi querida y protectora Flor. Es una carta de Cort?zar a Roberto Fern?dez Retamar (por aqu? tengo un poema suyo, pero no me apetece buscarlo) acerca de Rayuela. Ya la hab?a le?do, cuando devor? su libro de cartas en busca de intimidad con la que alimentar mi amor (cada d?a que pasa tengo m?s claro que el amor de mi vida, al igual que Cort?zar, est? muerto o me espera en otra vida, no en ?sta). La dejo por un motivo tan m?gico como sencillo, que haya sido precisamente hoy cuando Flor me ha enviado este contenido.







Querido Roberto:


Perd?name por escribirte a m?quina, pero es una costumbre de la que ya no s? privarme y que me permite ser eternamente espont?neo e ir diciendo lo que me nace de m?s adentro. Anoche me entregaron tu carta del 3 de Junio (?cu?nto tiempo, ya!) y me sent? tan emocionado y tan feliz por lo que me dec?as en ella que entr? como en un trance, en una casilla zodiacal incre?blemente vasta y pr?spera. Todav?a no he salido de ella, y te escribo bajo esa impresi?n maravillosa de que un poeta como t?, que adem?s es un amigo, haya encontrado en Rayuela todo lo que yo puse o trat? de poner, y que el libro haya sido un puente entre t? y yo y que ahora, despu?s de tu carta, yo te sienta tan cerca de m? y tan amigo. No s? si cuando te escrib? hace unos meses para hablarte de tus poemas, supe expresar bien lo que sent?a. T?, en tu carta, me dices tantas cosas en unas pocas l?neas que es como si me hubieras mandado un signo fabuloso, uno de esos anillos m?ticos que llegan a la mano del h?roe o del rey despu?s de incontables misterios y haza?as, y all? est? condensado todo, m?s ac? de la palabra y de las meras razones: algo que es como un encuentro para siempre, un pacto que hace caer las barreras del tiempo y la distancia.
Mira, desde luego que lo que hayas podido encontrar de bueno en el libro me hace muy feliz; pero creo que en el fondo lo que m?s me ha estremecido es esa maravillosa frase, esa pregunta que resume tantas frustraciones y tantas esperanzas: "?De modo que se puede escribir as? por uno de nosotros?" Cr?eme, no tiene ninguna importancia que haya sido yo el que escribiera as?, quiz? por primera vez. Lo ?nico que importa es que estemos llegando a un tiempo americano en el que se pueda empezar a escribir as? (o de otro modo, pero as?, es decir con todo lo que t? connotas al subrayar la palabra). Hace unos meses, Miguel ?ngel Asturias se alegraba de que un libro m?o y uno de ?l estuvieran a la cabeza de las listas de best-sellers en Buenos Aires. Se alegraba pensando que se hac?a justicia a dos escritores latinoamericanos. Yo le dije que eso estaba bien, pero que hab?a algo mucho m?s importante: la presencia, por primera vez, de un p?blico lector que distingu?a a sus propios autores en vez de relegarlos y dejarse llevar por la man?a de las traducciones y el snobismo del escritor europeo o yanqui de moda. Sigo creyendo que hay ah? un hecho trascendental, incluso para un pa?s donde las cosas van tan mal como en el m?o. Cuando yo ten?a 20 a?os, un escritor argentino llamado Borges vend?a apenas 500 ejemplares de alg?n maravilloso tomo de cuentos. Hoy cualquicr buen novelista o cuentista rioplatense tiene la seguridad de que un p?blico inteligente y numeroso va a leerlo y juzgarlo. Es decir que los signos de madurez (dentro de los errores, los retrocesos, las torpezas horribles de nuestras pol?ticas sudamericanas y nuestras econom?as semi-coloniales) se manifiestan de alguna manera, y en este caso de una manera particularmente importante, a trav?s de la gran literatura. Por eso no es tan raro que ya haya llegado la hora de escribir as?, Roberto, y ya ver?s que junto con mi libro o despu?s de ?l van a aparecer muchos que te llenar?n de alegr?a. Mi libro ha tenido una gran rcpercusi?n, sobre todo entre los j?venes, porque se han dado cuenta de que en ?l se los invita a acabar con las tradicioncs literarias sudamericanas que, incluso en sus formas m?s vanguardistas, han respondido siempre a nuestros complejos de inferioridad, a eso de "ser nosotros tan pobres", como dices a prop?sito del elogio de Rub?n a Mart?. Ingenuamente, un periodista mexicano escribi? que Rayuela era la declaraci?n de independencia de la novela latinoamericana. La frase es tonta pero encierra una clara alusi?n a esa inferioridad que hemos tolerado est?pidamente tanto tiempo, y de la que saldremos como salen todos los pueblos cuando les llega su hora. No me creas demasiado optimista; conozco a mi pa?s, y a muchos otros que lo rodean. Pero hay signos, hay signos. . . Estoy contento de haber empezado a hacer lo que a m? me tocaba, y que un hombre como t? lo haya sentido y me lo haya dicho.
Gracias por haberle mostrado a Lezama cu?nto me acuerdo siempre de ?l y lo mucho que lo admiro. Hace tiempo que quiero escribirle, pero me intimida un poco; vuelvo a acordarme de la noche en que cen? con ?l y lo escuch? decir cosas maravillosas, como un lento volc?n de palabras. S?, ?l es uno de los que me llacen tener confianza en nuestras tierras, en lo que habr? de ser finalmente esa Am?rica misteriosa.
Oye, ahora quiero decirte que si es cierto que vas a escribir algo sobre mi libro, me das desde ya una enorme alegr?a. He le?do muchas cr?ticas, algunas just?simas e inteligentes; pero el tono que hay en tu carta, ese contacto por debajo que hay entre lo que me dices y lo que yo soy en mi libro, no lo he encontrado hasta ahora. Por supuesto, si escribes algo tendr?s que pensar en el lector y tomar tus distancias; pero te has acercado tanto que cualquier cosa que digas de mi libro ser? siempre una vivencia, como hubiera querido el pobre Oliveira, y no una valoraci?n de magister, de las que me llegan docenas y que yo olvido minuciosamente.
Quiero que sepas que Aurora y yo fuimos muy felices la noche en que estuviste con tu mujer en casa, y que esperamos siempre que vuelvan a Europa y podamos vernos m?s y mejor. Natalia Revuelta, que me trajo tu carta tan gentilmente, habl? de que quiz? fueras a Oriente a estudiar problemas literarios o culturales (la informaci?n era muy nebulosa, pero se mencion? el Jap?n y la India). Si as? fuera, lo que me parecer?a fabuloso, supongo que pasar?s por Europa antes o despu?s, y que me avisar?s con tiempo. Yo no soy divertido como contertulio, ya sabes que los argentinos estamos todos metidos para adentro y si algo sacamos a veces es las u?as (y al divino bot?n, dir?a alguien que conozco); pero si me tienes paciencia s? que podremos hablar de verdad de tantas cosas. Con ustedes, los cubanos, yo me desnudo como frente al mar; los amigos de all? lo notaron y me lo dijeron. Mira si me hacen bien, mira si tendr? razones para quererlos tanto.
Dales mis afectos a Calvert Casey, a Arrufat, a Lisandro Otero, a Edmundo Desnoes, y por supuesto a Lezama. Un gran abrazo de Aurora para ustedes dos. Yo no s? c?mo despedirme. Digamos que sigue en el cap?tulo...
Pero tambi?n un abrazo muy fuerte,

Julio.
Publicado por Bohemk @ 20:07  | Almohadas de papel
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