Lunes, 04 de julio de 2005
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En 1866 el pintor Gustave Coubert hizo un cuadro para el diplom?tico turco Khalil-Bey: el torso de una mujer desnuda, desde los muslos hasta los pechos, acostada en una cama de s?banas revueltas. Con las piernas separadas y el sexo despierto, como si acabara de enviar a su amante al para?so. Este cuadro de panorama estremecedor fue titulado con un nombre que acab? de redondear el concepto: El Origen del Mundo. Los hermanos Gouncourt lo encontraban ``bello como la carne de un Correggio'', en cambio a Maxime Du Camp le parec?a una basura perfecta para ilustrar las obras del marqu?s de Sade.

Cuando muri? el diplom?tico turco, El Origen del Mundo rol? por varias colecciones privadas. Durante la Segunda Guerra Mundial ya iba por Budapest. Luego fue confiscado (y seguramente confinado) por los nazis, nada m?s durante el tiempo que los sovi?ticos necesitaron para adue?arse de ?l. Despu?s el cuadro de Coubert regres? al circuito de coleccionistas y ah? fue adquirido, en 1955, por el doctor Jacques Lacan. La moral y el pudor hab?an dejado su huella en el cuadro, y para esos d?as ya dorm?a oculto bajo una tapa decorada con un paisaje menos ofensivo que las piernas abiertas de esa mujer generosa. El Origen del Mundo ha seguido su ruta misteriosa, pero antes de seguirla, es conveniente detenerse en ese curioso mecanismo moral que prefiere ocultar, antes que desaparecer, las cosas que atentan contra la decencia. No es dif?cil imaginar al poseedor hipot?tico: un hombre recto, de bases morales s?lidas, que cuelga el cuadro del paisaje en la sala y s?lo cuando nadie lo observa retira el paisaje para contemplar esa indecencia que es El Origen del Mundo. Este mismo conflicto moral brinca intacto hasta 1996; pero ahora en vez de pintura tenemos una fotograf?a que tambi?n, ?por qu? no?, podr?a llamarse ``El Origen del Mundo''. De todas las cualidades de la pintura, transcribamos aqu? la que apunta el endemoniado escritor polaco Witold Gombrowicz: ``El cuadro siempre ser? una belleza torpe, una belleza estropeada por la inh?bil mano del hombre. Pero tal vez en esto se oculte el secreto de la atracci?n. El cuadro nos transmite una belleza sentida, ya percibida por alguien, es decir, por un pintor. El cuadro no nos dice solamente: `Este paisaje es bello', sino tambi?n: `yo lo he visto, he sucumbido a su encanto y por eso lo he pintado'''. Sirva esto para dejar muy claro que la comparaci?n entre el cuadro y la fotograf?a (es decir, entre los dos Or?genes del Mundo) queda lejos de la siguiente informaci?n, que jugar?, m?s bien, en los terrenos de la moralidad y las buenas costumbres.

[...]

M?s de un siglo despu?s, el ?ngel del pudor sigue cuid?ndonos las espaldas.

El doctor Lacan lleg? a su casa con El Origen del Mundo reci?n comprado, le quit? el paisaje de encima y lo colg? en su mejor pared. Unos d?as despu?s, el mismo doctor le pidi? a su amigo Andr? Masson que le fabricara al cuadro un nuevo escondite de madera, porque ya no aguantaba los comentarios de sus visitas. La justicia le lleg? hace poco al cuadro de Gustave Coubert, hoy se exhibe, ya sin ninguna de sus tapas, en el museo d'Orsay, en Par?s. En la tienda de souvenirs, por menos de un franco, puede comprarse una postal con la fotograf?a de este cuadro desasosegante y hermoso.


Texto de Jordi Soler



Cierto, yo tambi?n compr? la postal y ahora decora el rinc?n er?tico de mi pared Fumador

Publicado por Bohemk @ 6:36  | Je vois, j?imagine
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