Jueves, 28 de abril de 2005
DESENCUENTROS




Ella va arrastr?ndose por las calles, repeliendo el tacto de la gente, neg?ndoles la mirada, proyectando hacia un punto vac?o y sin destino todo lo que bulle en su interior. Siente que su cuenco visceral rebosa, que la miel y la hiel, a partes iguales, se van escurriendo por dentro en una ardiente hilera. Pero no quiere nada, no espera nada, un mero tr?nsito en la vida, sin cuestionarse un solo aspecto, sin analizar un solo hecho, sin tratar de buscar el por qu? de cada momento emanado del azar. Sin sentir al borde del abismo o en la cuerda floja, sin regalar a alguien lo que sabe fabricar en su taller de ternura, devoci?n y magia. Se deslizan sus pasos apenados, las manos se sienten desnudas, fr?as, casi ?speras, hay un peso que le cuelga desde el alma que ya no le ayudan a sostener otras manos. Se detiene ante un sem?foro en rojo, un mech?n de pelo inquieto le golpea suavemente en la cara, para que reaccione, para que sienta que a?n est? viva, que a?n tiene que vivir y ella, que contin?a con la vista perdida y reprimidamente llorosa, se lo aparta en un gesto tan delicado que incluso a ella misma le estremece. ?l, que la observa desde el otro lado de la isla de asfalto, desde enfrente, quisiera haber tomado en ese instante aquella mano, retirarle el cabello, enroscarse en su cuello, envolverla y recorrerla con su tacto inagotable. Traga saliva, una saliva amarga y pesada, imaginando tambi?n que esas manos est?n abandonadas solamente por el tr?nsito del d?a, que pasar?n los minutos o las horas y esa imagen que le ha regalado su imaginaci?n y el destino (el viento llev?ndole el pelo hacia su rostro, los dedos que engarzan la caricia en un mech?n recogido), ser? la escena compartida de otro, o de otra, pero nunca la suya. Qui?n pudiera congelar el espacio, vendarle los ojos, acercarse a su boca, penetrar en sus o?dos y decirle " Dame la mano, quiero llevarte a volar conmigo". Ella empieza a enojarse, pero sin muecas, por la tardanza de la apertura de ese paso, por tener que estar esperando y sentir mientras, tan de cerca, otros alientos, otras respiraciones, las miradas de reojo que le acechan, los abrazos de parejas que le suscitan melancol?a, envidia o dolor, no sabe. Traga saliva, una saliva amarga y pesada, su soledad se despliega atrozmente en el estallido de realidad que le provocan esas im?genes, evocaciones de lo que ahora le es tan ajeno. Pasar?n las horas, los d?as, quiz? los meses, quien sabe si tambi?n los a?os, y continuar? esperando en esos pasos desesperanzadamente sola. Ojal? de repente una venda le cubriera los ojos y alguien se acercara a su boca, y penetrara en sus o?dos, en su vida, y le dijera " Dame la mano, quiero a llevarte a volar conmigo". Al fin se enverdece el mu?equito que los despierta. Y entonces un cruce de pasos casuales, el roce obligado entre la multitud de peatones que van y vienen, el destino que los entrelaza en ese instante, las miradas que les presentan a otros cuerpos, sus r?fagas que chocan durante un segundo: Y el cuenco de miel ardiente se vuelca entero sobre su pecho, el pulso desbocado le corta la respiraci?n, le devora la carne, unas alas baten locamente dentro de su vientre, un gusano de deseo trepa por su est?mago, quisiera besarle los ojos que han sido suyos en ese segundo, llevarla a volar toda su vida, y sabe que no est? loco, pero y qu?, si tal vez ella acude al encuentro de quien custodia celosamente ese pelo y esas manos, de quien de noche habita apasionadamente su cuerpo. Ojal? se hubiera detenido ante sus ojos, hubiera tomado sus manos y le hubiera llevado a volar con ?l el resto de sus vidas. Pero son ideas de loca, y su coraz?n vuelve a la tierra, para arrastrarse por la calle pesadamente, para recoger el cuenco de miel ardiente, para mezclarlo con la hiel, para llegar a donde nadie la est? esperando.
Publicado por Bohemk @ 17:51  | Boh?mktika
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios