Un día, haciendo alusión a mi vuelta a Francia, dejé caer como quien aplaza lo que no llegará nunca, que ya relataría mis vivencias allá. Pretendía hacerlo, pero cierro los ojos, cavo y cavo en mi memoria y no hallo más que huesos, carne roída por el gusano del tiempo (ains, qué baudelariana me encuentro hoy). Despoetizando, que me agobio intentando rescatar tantísmas anécdotas, tratando de desmenuzar el todo que simboliza una etapa tan relevante de mi vida
Así que... dejo una serie de fotos, algunas inconexas, por aquello de que una imagen te ahorra soltar mil palabras. Y yo, casi siempre tan lacónica, cuanto agradezco el dicho.