Paseo un tembloroso silencio por la respuesta, pero extrañamente una tinta virtual se me derrama en el rostro. No tengo respuesta.
Te velaré con una llama inextingible y sólo porque me quemas
(recuerda, que no me traicione la semántica), porque todavía me quemas, no puedo pronunciarte saboreando aquellos resquicios de vino dulce por los que nadaste sobre mí.
Porque todavía me quemas no puedo abandonarme en tu isla sin pasado, aunque allí me aguarden ofrendas líricas y peces de latidos desbocados.
La tormenta en mis manos,
el precipicio en mis ojos,
pero la verdad a la inversa.