Catalina (de fuego y nicotina) desnuda de domingo, porque toca cambiar las sábanas rotas por amor, enumerar los desgarros producidos a causa de mordiscos y salivas, de melodías de sombras rojas y arrumacos de rutina, cambiarlas al son de la complacencia, echarlas a lavar mientras le acaricias esa perpetua sonrisa,
o de repente atarlas en nudos de escalera y huír.