Necesitar la compasión, buscarla deshonrosa y febrilmente como una cápsula de morfina.
Anoche me dolía algo adentro, abrí la `puerta que da al interregno oscuro y pretendí quedarme sola, allí sola, a llorar como un desquiciado ejercicio de supervivencia.
nadie me narró otras escenas del absurdo, dónde estaban sus límites más remotos. Nadie me había contado que la felicidad pudiera doler de puro hastío, agua envenenada, comuniòn de lisergia maldita. Cambié la poesía por una envidiable vida, pero ahora que es ella mi carencia, cuánto echo de menos mi exilio, el letargo en mi encierro.