Prisas, prisas, prisas. Esta será mi nueva dinámica. Lástima por una parte que vaya a apartarse la gourmet de los sorbos lentos, pero mi traslado a la capital, mi falta de recursos escritos y el tiempo que se ha convertido en un niño pelirrojo con pècas que me saca la lengua en una esquina, no me van a permitir, simplemnete no me van a permitir, cuántos complementos detrás.
Pues bien, la noticia es que mañana empiezo a trabajar como mujer cebra en una de las super tiendas de Bravo Murillo, si alguien pasea por allá, que entre a otear bichitos ridículos estresados con uniformes que nada les pegan (y yo que tan hippie fuí un día y juré por joan baez y por la jopplin y tan esnobb y tan pija por la chanel y por burberry que jamás jamás jamás con esas pintas...).
Y por qué Madrid, ya no lo sé, porque todos se van cuando yo llego, un segundo Montpellier, me voy aunque ya nadie me esté esperando.
Buena estancia a cada uno de mis amores en sus diferentes islas, las terrenales y las imaginarias.