Lorenzo, mi amor del sur, me ha pedido que le envíe una foto mía, desnuda, envuelta en sábanas blancas. Me ha confesado que le encanta imaginarme así, y yo confieso también que me he derretido cuando me ha revelado la imagen en la que soy objeto de ebullición. Pero yo no quiero ser una
Lucía que juega con su cámara y su sexo, quiero que sea él quien me coloque, quien me envuelva y me desenvuelva, quien me convierta en musa y en deseo palpable.
No dejo de pensar últimamente en las noches de mar, en la brisa de a mediodía, en las caricias que pasean suavemente por la espalda para vivificar en ellas toda la belleza del mundo. No dejo de pensar en
la primera y en la última felicidad del día, en las imágenes que podrían enmarcarlas y que después nos repartiríamos excitados, sólo a cambio de besos.
Fotografía de Cartier-Bresson