No quiero nada tuyo
llévate esta masa encogida
que me metiste dentro
que amarraste a mi ombligo
durante uno de mis delirios celestes
justo antes de tu huida de pastillas.
¿Creías que no me daría cuenta,
pensabas que no sabría que fuiste tú?
Dime, ¿en qué momento veré la gracia de todo este asunto?
Siento la metamorfosis de mis espacios cálidos:
es esa criatura devastándolo todo
chupando mi espíritu por aburrimiento,
va tomando forma
como barro amasado por manos líquidas e invisibles
y en el hervor de mi sangre se cuece.
Sácamelo. Sácamelo
o me delineo la cintura
con la tijera de los remiendos.
Si te fuiste no dejes nada que te recuerde.
Lo sabes, el olvido exige higiene.
Mira adentro
¿lo ves?
¿lo alcanzarías con tus blanquísimos y largos dedos?
¿podrías halarlo fuera de mí?
Oh mi Dios, no quiero, no quiero,
llévatelo,
prueba con otra.