Plaza de las Veletas, Cáceres
Le he preguntado al pasado, pero estas piedras poco saben de ti.
Alguna vez te vieron escupir sobre el pavimento
mi nombre y tu odio, tu satisfacción herida.
Las cúpulas no logran verte, no te alcanzan allí a lo lejos,
en tu escondite de capital triste y estresada,
de amor apresurado,
de amor extrañado,
de amor amordazado.
Y no has vuelto envasado al vacío por tu memoria.
Haces bien en no volver, no quiero que vuelvas,
aunque confabule con el azar encuentros inesperados
con igual expectación que pavura.
Un cielo sepia me anuncia la buena nueva
y el paulatino olvido.
Me pierdo en calles antiguas, como en mi vida,
a recordar lo que ahora sé que nunca existió,
las palabras que pronunciaste en tu clímax,
las que me negaste en el último momento,
las que nunca te dejé escuchar.
Otros vuelos nos traen nuevos nombres,
otras futuras búsquedas de olvido,
pero aquí todo permanece en su quietud
inalterable por los siglos de los siglos,
mientras que a tu ciudad acústicamente contaminada
-maldita sea, maldito seas-
no le llega el sonido de nuestros pasos
de aquel pedregoso ayer.