Caminando con los ojos risueños
voy marcando pezones,
a veces me erizo de deseo,
tanto deseo almacenado.
Parece que sobrevuelo el asfalto
y que desayuno belleza de primavera.
Me interrumpen el paso sin decoro
con música para los oídos,
con cafeína para el ego,
con besos que atrapo elegantemente
antes de que me rocen alguna zona reservada.
Reservada... ¿Reservada?
Y sin embargo, simpáticos muchachos,
no creo que nadie me haya estado esperando
en esta puta vida.