Al menos sé que estás vivo. Las palomas de la noche, fieles mensajeras amaestradas al servicio de mi melancolía, no me han devuelto mi carta. Te la entregaron, estoy segura.
Desabrocho mi rubor, la vergüenza del esfuerzo en vano - ¿para qué la sinceridad a bocajarro?- y vuelvo a enunciarte lo que en ese mensaje te decía:
"Todo mi compromiso de eternidad te sigue estando reservado, sólo a ti reservado, sólo por ti el abandono de la bohemia y del amor a un cuerpo distinto por y en cada dedo de mi mano, la sumisión a tu antojo. Continuo viva nada más que por la causa de encontrarte, la de esperarte, la de retenerte. Solamente viva para poder alcanzar el día en que llegar a morir a tu cama.
No temo todo este tiempo de ausencia, todavía te quiero, te quiero, te quiero.. inestable y lejana, te quiero, torpe y vulnerable, te quiero, asombrada y atormentada, te quiero. "
Releyendo la estupidez de mi delirio -y sabiendo de la eficacia de mis nocturnas palomas- entiendo el por qué de sus picos vacíos, sé bien que no debo esperar, jamás, una respuesta.