En la oscuridad solamente este teléfono
inerte, impotente, mudo.
Suyo es todo el dominio en mi país de sombras.
Suya toda la culpa de este desasosiego.
Las bombillas se fundieron hace días,
o meses, no recuerdo - no es eso lo que recuerdo-,
pero qué importa, si yo no quiero luz,
nada más que un sonido que viaja tan lento
que no parte, que no llega.
Descorro las cortinas y miro afuera,
el asco bombea mi náusea:
en la calle el día con su música,
la vida que no se detiene.