qué torpe, qué temblor, cómo ama la gravedad abocar los cuerpos que sujetan mis manos al desastre.
He querido después escribir
estoy rota,
miradme en cada uno de esos cristales, jugad a buscad mi reflejo;
pero estos latidos que bombean mi sonrisa no me permiten entristecerme sin motivo, ya no, ya no puedo escribir.