Tal vez mañana me arrepienta, siempre me arrepiento al día siguiente, pero vuelvo a arremeter contra mi vida un día después; debe ser asumido el imparable vaivén, el vertiginoso balanceo. Eso decía, que quizá mañana me arrepienta, pero sabiendo qué ocurrirá el día después al arrepentimiento de mañana, prefiero arrancarme el corazón y los pechos y los ojos (sí, esos ojos, bellos ojos) y luego las manos, esto último a ciegas, con el último empuje y su último alarido. Ya estoy muerta, qué vas a continuar, qué quieres ver crecer. Necesito un lago, un horno, un cuenco de pastillas de oscuridad eterna, la torre más alta desde la que saltar hasta el cielo, el purgatorio o el infierno. No sé a dónde iré.
He atravesado toda la ciudad intentando reprimir el llanto, golpeándome el pecho para calmar las frenéticas pulsaciones y respirando aparatosamente para ordenar este caos de respiración, que parece qe me falta, pero que no se agota. Siempre así, atenaza el miedo, se escapa y no me toma, no me mata, no me deja libre de una vez por todas. Al llegar a la altura de mi edificio he divisado el puente de la estación, ahi, tan cerca que es dificil olvidar. Él me dijo que me quería pero que no quería tenerme, retenerme. Yo acepté porque soy fiel a mis principios - tiempo después he aborrecido la libertad. Unos meses más tarde me armé de valor para preguntarle cómo es que podía quererme, no querer tenerme, retenerme, pero sí tener a alguien a quien no quería. "Te estuve esperando, pero no sabía si tú querrías conmigo...". Llevo toda la noche acordándome de ello, ya hace 3 años de aquel capítulo. Mi historia se reescribe sobre los tachones de mis días de tregua, lo intuyo. No quiero retornos, no quiero repeticiones.
El viaje desde la facultad ha sido dificil, no he vuelto sonriendo con el rostro iluminado como
Flor imaginaba, sino mordiendo anisosa un pañuelo de papel, todo por no llorar, no más, por favor, no más.
He descubierto a otra autora, fue genial y murió sin más público que aquellos que sí sabían de belleza, pasión y poesía: muy pocos. Leía devotamente a virginia woolf y creo que también ella quiso algun que otro día tener un lago cerca de su casa. Fumaba de pura soledad y maldecía dulcemente los domingos. Era bella, era sensible, era culta, era risueña, era querida, pero su
yo estaba desnudo, desamparado, celoso de las camas de sueño y amor compartido.
Me recuerda a lo que sé que será mi vida, hoy debo estar sola, no sé mañana. pero hoy porque será el siempre latente, la condición indispensable para que siga sobre la tierra. Mientras a mi alrededor me sigan llamando, me roce algún beso, no podré despedirme, no seré capaz de buscar mi lago, Ofelia.