Conjugar misticismo irreverente y pretenciosamente ateo con tanta sensualidad desbordada, no me suscita más adjetivo que el de
maravilloso. No te pido permiso, como de costumbre, porque no le he pedido permiso a ninguno de los autores para exponer sus obras en mi blog. Me ha encantado, no te imaginas cuánto, por eso lo hago público, me salto la intimidad de esa alcoba y del deseo, tu deseo, también el de quien lo lee y lo muestro con todo el orgullo de una lectora satisfecha. Me lo sabrás disculpar del mismo modo que mi insolente tardanza, ¿verdad?
Agnus Dei
A Lucía
Hagamos una misa, aquí, en esta alcoba,
misa que resucite mi carne.
Yo seré el oficiante y tú serás la adorada.
No pretendo endiosarte,
tan solo anhelo comer tu cuerpo y beber tu sangre.
Cordero sin dios, que enciendes el pecado en el mundo,
miseria de nosotros,
miseria de nosotros si creemos que tu carne es pecado.
Venga hoy, aquí, el reino de este mundo,
venga tu reino sobre mi mundo,
en la única eternidad posible: el instante,
Este instante.
Dame hoy tu cuerpo, y cada día
dame también tu alma.
Amén.
Agustín A.