Esconderme bajo tierra y sólo volver cuando mis errores hayan envejecido sin acordarse de mí, cuando al pronunciar cada uno de aquellos nombres no me aplaste y atraviese una tristeza agria, pesada y profunda.
Qué torpe he sido, qué ganas de morir y renacer (no siempre, sólo renacer a veces, otras quisiera que mi cuerpo no sufriera más vidas) tras las palabras equivocadas y los indebidos silencios.
Sólo respiro para callar. Sólo callo para perder. Sólo pierdo para no temer la desaparición inexorable, definitiva.