LA IMAGEN MOVIMIENTO
IV
POR el bosque borroso
de las inconcreciones, junto
al improbable estanque de la noche
mi imagen duerme sin sosiego. Soy
un caminante antiguo a la deriva.
Las palabras no dichas me circundan,
parpadean en el aire como fogonazos,
los pájaros se llaman por su nombre
y es posible contar los peces uno a uno.
¿Qué pensaría ahora de nosotros
esa maldita oscuridad?
V
BUSCO retornos, no repeticiones.
Como gotas de tiempo no vivido,
escucbo los murmullos de mi respiración.
Es un zumbido de moscardas,
ráfagas de memorias que transcurren
como una sucesión de intimidades,
de fotos fijas y de azares que
huyen en desbandada por ningún lugar.
Su claridad es un desasosiego
que me separa de quien fui. ¿Lo supe?
El tiempo y yo, dos sombras
alargando tu sombra en las estancias
donde no hay cuándo ni porqué.
VI
SI mis palabras no te alcanzan, ¿lloran?
Supongamos, incluso,
que su ebriedad no te conmueve, ¿sabes
si queda algo, después,
con que decirlas? ¿no
echas de menos su dulzura?
Ya no queman los pájaros
a mediodía, ni
arden sus picos al cavar en tu
silencio a medias compartido.
¿Somos tú y yo los pájaros que vuelan?
¿somos el círculo?, ¿las alas?,
¿una carencia en la conversación?
VII
EXCITACIÓN, no faltes,
no suspendas tu rito, no abandones.
Es un alivio esta premura. Mírate,
cómo nos vuelves cada vez más fuego,
más arrebato (¿o es pasión?) mitad
mugido de tiniebla y mitad luz.
Ya nada importa de qué piedra sea
este calor donde te desparramas.
Las incripciones de tu sed existen,
y es otro cuerpo el que pregunta
lo que será de mí.
(De Viaje al fin del invierno)