Ni siquiera entiendo por qué la primera palabra. Viene consumida en un sueño color sepia donde las voces y los cuerpos son idénticos, donde el terror siempre es el mismo: el fin.
Pero aquí nadie teme el fin, sino las continuaciones. No bay color ni espera posible, impaciente carcomida por los desbarajustes y la falta de entereza. Un hilo de voz ansiado, un valor inencontrable, una explicación precisa.
Tan cansada de todo y de todos, tan aburrida de un mismo ciclo imnutable. Sólo cambian los rostros y las voces a este lado del sueño. El terror también es distinto: continuar.
No se sabe a dónde, no se sabe por qué, no se sabe cómo... y yo me inquieto en la almohada pensando que no sé hacer nada para terminar: condenarme o salvarme, pero terminar.