domingo, 27 de noviembre de 2005
Demasiada ciudad y poco tiempo para encontrarte.

He jugado con mis pasos como dados de azar,
he creído encontrar el número preciso, mágico,
que me conduciría hasta aquellas casualidades nuestras;
pero en la última pisada que adelantaba
hacia el desencuentro,
me sentí fuera del mundo sobre un tablero de asfalto
formado de pasadizos laberínticos e invisibles.

Ya desde el comienzo nos supimos fuera de un mismo mundo,
pies desconfiados, calles abismales y tiempo contrariado.
Este destino nublado predice que nunca volveré a encontrarte,
que el espacio se ensanchará, se moverá sólo para los dos.

Pocas veces antes había sabido de qué manera tan desastrosa
podía girar la tierra.



Cecilia Sainte-Naïve, En la espiral comienza el camino

Publicado por Bohemk @ 22:25  | Bohémktika
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Publicado por Invitado
lunes, 28 de noviembre de 2005 | 12:27
Aquí, en este sortilegio, te siento cómo alma gemela.
Pareciera que viviéramos el momento y con cada paso, notáramos el otro guantazo en la mejilla, aquel que no suena, ni tampoco deja marca, pero que duele tanto o más, que el que suena.
La única diferencia es que lo que yo siento en aquellos momentos pasados ya, no eran en Gran vía, si no en la espaldas de la embajada alemana y en plena castellana.
Por lo demás, es exáctamente igual a lo que acabas de publicar en este post.
Curiosamente...demasiada ciudad y poco tiempo para encontrarte.....
(precioso aúnque me duela...casi leerlo...)
Un fuerte beso y su respectivo abrazo...Sonrisa

Irache.
Publicado por Invitado
lunes, 28 de noviembre de 2005 | 15:50
laberintos... demasiada ciudad y poco tiempo para encontrarle...
Creo que sí, has dado justo con la medida de la desesperanza, la nostalgia, el sentimiento de quienes vivimos caminos bifurcados. Hoy me llega tan justo como el abrigo que me acabo de poner encima.
(un beso Cecila, bela).
Publicado por Bohemk
martes, 29 de noviembre de 2005 | 22:34
El primer verso fue la primera frase que pronuncié después de llevar diez minutos parada viendo pasar a gente y gente. Me estaba volviendo loca tentando a la suerte de reconocer algún rostro. No fue en Gran Vía, sino en Sol. El resto lo escribí en el baño de una discoteca de Gran Vía. La noche se me había acabado y había comprendido lo grandiosa que debe ser allí la magia del reencuentro casual. A pesar de q nada malo ocurrió, sigo pensando q madrid no me quiere Enfurruñado

Me alegra saber que os llegó el poema. Me imagino a las 3 en distintos puntos de la tierra jugando al mismo sortilegio y agachando la cabeza de similar forma porque el azar no brotó de nuestras suelas.


Irache, bella, qué bueno que regresaras.