jueves, 24 de noviembre de 2005
Creo que hacía unos diez años que no me tomaba una merienda como ésta: una taza de Nesquik con un paquete de galletas marías, redonditas, poco tostadas, una delicia de atardecer de más de 700 kalorias (merienda que demuestra que mi salud está cada vez mejor). La tarde me abrió el apetito y me despertó la nostalgia. Seguí restaurando la cajita de música mientras escuchaba el chelo de Jacqueline Du Pré (gracias Bela!). Al rato llamé a Valencia a mi amiga Pam, la tía de Abril. Hablamos y hablamos durante una hora de reloj, recordamos lo felices que mereceríamos ser, lo que fuimos en Francia, el asco que da el amor de pareja a los treinta y a los veinte y a cualquier edad desde que la que le hagan burlas a la nuestra,hablamos de esa envidia y de los augurios de fatalidad para los que no se quedaron solos, hablamos de nuestra soledad con la risa que nos contagiamos, lde as Voll-Dalhm, de los viajes por europa, los hombres que nos están esperando ansiosos de incienso, sábanas y lujuria en algún punto del planeta, tal vez en algún momento de otra vida. "Bah, yo paso del amor, con tener con quien despertarme un domingo por la mañana..." Qué graciosas y fatales nos ponemos cuando nos engañamos.


Mientras, he ido trazando garabatos con los pinceles y la acuarela en el blog de las llamadas. Me satisface saberme una artista tan mediocre pero espontánea.


He conectado de nuevo la música: Tangos de Adriana Varela, el soneto de Chico Buarque, después Pauline y Zola, nanas de pop acompañándome en la selección de poemas de la nueva temporada, salvaguardando el vacío que dejará noviembre. Mi amor son las poesías que escriben aquellos a los que no podré amar en un tiempo que será sólo mio, no compartido.


Ya me he hartado de galletas. Sin embargo, el cacao me ha dejado en la boca unas ganas inmensas de futuras tardes de invierno junto a alguien que me ofrezca una taza de leche con colacao. Ahora no le diría que no, que yo no como de esas cosas, que no puedo quererte porque llevas reloj y amas más mis ojos que mis versos, y ansias más mis pechos que mi corazón.... Ahora sería distinto, no aceptaría su cola-cao, pero porque una vez fui niña, pero niña de Nesquik. Todo lo demás (los relojes, los pechos, la falta de pasión por mi poesía...), ya no me importa.
Publicado por Bohemk @ 19:57  | Microkosmos
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