jueves, 22 de septiembre de 2005
Nada más acabar de escribir el post anterior me sonó el silbido especial en el móvil. Era el paseante de la calle Amargura, mi antiguo y loco amor. Creo que lo hizo porque quizás se acordó de que hoy se cumpliría un año desde la última vez que nos vimos (historia digna de una Amélie Poulin). Tenía pensado escribirle para recordárselo, pero se me adelantó. Continuo, me sonó el silbido especial (el que le tengo reservado a mis... a ellos), le descogué la llamada,a `pesar de que cuando me llamaba dejaba al teléfono retorcerse en un par de rugido y no hacerle concesiones, pero esta vez mi pulgar corrió deseoso de traerlo hasta mí.
Los cinco primeros minutos fueron bien, gratamente sorprendida de estas casualidades cósmicas y expectante por averiguar la razón de la inesperada llamada, por qué lo haría, qué es lo que quería?. Pero entonces pasó a relatarme su viaje a Inglaterra de este verano, habló en primera persona del plural y movida por la sospecha de que se trataba de una acompañante femenina (porque cuando omite nombres, es que hay polvo de por medio) le pregunté con quién había ido. Se me vino otra vez el mundo abajo. Con una voz acongojada me contestó "Con Nuria, la chica de Lleida que...", sí, sé muy bien quien es, cómo olvidarla, cómo olvidarme de aquél mal bicho, de la única persona a la que he odiado con toda mi alma. No lograré olvidarme de ella, de la omnipresente chiqueta que apareció injustamente cuando al fin yo lograba ser feliz sin estar sola, la que se cruzó en nuestras vidas para apartarlo de mí, para alejarme del único hombre que me ha querido. Fue nombrarla y llenárseme de nuevo el estómago de dolor.
Mañana, tal vez, siga con el relato, ya he gastado demasiados pañuelos por hoy, y total, para qué, si siempre acabo siendo una estúpida plañidera de amores abortados a quien ninguno de ellos regresa para calmar, sino para verterle más ácido sobre sus úlceras.
Publicado por Bohemk @ 2:23  | Microkosmos
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