jueves, 22 de septiembre de 2005
La primera úlcera de la noche se me ha abierto leyendo a la novia de Hierba(ella), quien hablaba sobre el miedo a saltar en una historia-símil de la gata de ambos. Decía que a la misina le era muy fácil subirse de un salto a las alturas, pero que luego, una vez arriba, maullaba para que uno de los dos le extendiese los brazos y la recogiera. Tenía miedo a dar el salto. No dejó claro a qué clase de temor se refería en su caso, pero intuyo que en algún aspecto concernía a Hierba. Llegado un pasaje, me ha entrado la misma angustia ante la realidad que cuando me topé con su blog por primera vez. No entiendo bien por qué me sucede a esta alturas de la trama, pero estoy llorando con la respiración entrecortada, no sé si será de dolor por lo perdido, de envidia o de rabia; creo que más bien de lo último, de inagotable rabia, porque varias veces ha regresado a mi vida a revolverla por completo después de haberme excluido de su lado y en cada ocasión he tenido que callarme bajo la desazón de saber que al final soy yo la que pierdo, la humillada que siempre pierde y se traga las más indigestas cucharadas de certeza.
He tenido la tentación de escribirle, a ella, solamente para decirle que se trate de lo que se trate, dé ese salto. Yo no lo di en su día, hace ya un par de años, y todavía me sigo lamiendo las heridas en la sombra. No me atreví a saltar pero acabé estrellándome contra el suelo, qué paradojas. Quería decirle que saltase, que estando junto a Hierba ése es el mejor movimiento, tal vez el único conveniente, porque de cualquier manera y tarde o temprano, él te acabará aplastando como a una hormiga que besa su tierra. Habrá compartido muchas más horas, palabras e intimidades a su lado que yo, pero creo, por la forma en que lo adora, que no conoce la parte más hiriente de él, su lado más contaminado y maldito, el que más le pesa. Él no es un buen tío, todo lo contrario, por eso es mejor saltar cuando aún él te cuida con un semblante adorable y una conducta de enamorado embaucador y delicioso. Si yo hubiera saltado al menos me sabría un personaje afianzado en su vida, una historia erosionada solamente por el tiempo y acabada con un final en toda regla, y no esto, un relato incluso, un "ya te escribiré que llamarte allí..."No, no salté por motivos complicados y así fue que descubrí en poco tiempo las garras del peor de los rencores, además del verbo desencantado y soez del peor de los cabronazos sobre el que había gemido.

Ella apareció, casual e inconscientemente, para atormentarme mi tiempo en este espacio; él ha regresado y desaparecido cuando ha vuelto a sentir hambre de mí y yo...yo soy una escorpio vengativa, dolorida y cansada de tanta injusticia atentando mi sosiego. Sin embargo este triángulo tiene que permanecer quieto, silencioso, engañado, inalterable, porque ella (quien me recuerda tanto a mí) me conmueve, en el fondo está siendo la que hubiera sido yo de haber saltado.
Sólo pido que si se llega a ver en el suelo, lo que ocurra sea un duelo entre los dos, que yo no esté en medio, pero no sé, no sé cómo hacer para cumplir de una vez la tan repetida promesa de que no volveré a leerla, que no pensaré más en quien no merece un sólo suspiro o sentimiento de culpa. No sé cómo hacer para no sucumbir ante la curiosidad de esta gata apaleada, perdedora tentada por seguir el relato de una vida sin mí.
Publicado por Bohemk @ 1:56  | Microkosmos
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios