LA ESPERA
He pasado por tu casa tantas veces,
tantas veces me he parado en las esquinas
como un hortera imbécil que a su novia espera,
como un burgués grasoso que también espera
a una mujer cualquiera.
He apurado por cierto el cáliz hasta las heces
y he dado vueltas lleno de ideas peregrinas,
mira si seré ingenuo que hasta he pensado
¡si tú salieras!
La puerta de tu casa está vacía;
no acude nadie a su umbral inhóspito,
ni tus hermanas, ni una comadre ,ni un mocoso,
nadie, nadie... ¡si tú salieses!
Qué atroces ganas de hacer una cosa
fantástica y loca, como, por ejemplo,
ponerme a tocar una trompeta
a ver si sales.
O disfrazarme de cartero un día,
y con mi corazón hecho un acróbata
subir hasta tu miserable pieza
con una carta.
Y con mi postiza barba, y con mis gafas
decirte con mi voz más cavernosa:
Ésta es la carta, ¿sabés ,mocosa?
de aquel muchacho.
De aquel muchacho empleado en un escritorio,
que tiene veinte años y sólo a ti en el mundo,
y que acabará por estrellarse de cabeza
contra tu puerta, para que a su alarido
de amor, de ansia, de pasión de loco
salgas a ver qué pasa...
Nicolás Olivari