He dejado de escribir (entiéndase el verbo como impulso escrito del corazón o ese discutible amago de arte), las razones ya las
presupuse y edité
anteriormente. Ahora, cuando logro despegarme de la cama, me dedico a dibujar con tinta azul tomates alados, voladores y bosques siderales de acuarela en papel de fumar (labor de chinos). No, no es que pretenda decorar mis cilíndricos escapes de humo, ya tampoco fumo, ya no hago absolutamente nada que me evada salvo pintar a lo Chagall (sin dominio de artista, por supuesto), figuras y paisajes imposibles, burlas a la coherencia y no, lo aclaro, no significa que esté loca (me refiero a orate clínica, a menudo padezco locuras tan sanas, graciosas y bellas...), dibujo y digo estupideces por recomendación terapéutica, con aliviada conciencia (
ni estás tan loca, ni eres boba, es sólo la apariencia de un propósito) para que deje de ahorcarme con la soga de mis divagaciones.
Pincel, sosiego e imaginación en colores, sin palabras, muda, pero tan legible como mi mirada. Aunque tampoco con este método logro ser feliz. En fin, nada más que reposo, algún día, tal vez...