Ni yo misma me lo creo. LLevo desde las 10 de la noche del ya día de ayer, 7 horas enajenada por la pantalla, con mi extenso repertorio de canciones como música de fondo, pasadas y repasadas- y lo más gracioso es que sigo sin aprenderme la letra de las que llevo incrustadas en los oídos, qué cortita que soy...- y nada, este bendito tratamiento palia-dolor-del-alma no me permite digitalizar mis dedos para contestar a algunos comentarios, notas que agradecer, mails acumulados de gente que creo que ya se ha cansado de esperar y por supuesto, ni un mísero verso o testimonio que relatar.
Ahora me acostaré, despertaré a medio día, comeré, me volveré a morir de sueño, claudicaré en una casi interminable siesta de diosas, al fin de madrugada me infiltraré en el mundo a través de las redes y así el círculo de letargo, perdiendo los días, sin nada qué contar y que sentir más que un tremendo hastío y un vacío acolchado con la resiganción. Qué asco, prefería mis inundaciones de lágrimas, navergar en mi deriva y sentir con el pecho abierto.
Mil disculpas para aquellos que tuvieron la deferencia de materializar el interés de su visita.
En fin, infinitamente agradecida de sentirme, al menos, acompañada en este espacio.
La inutilizada Cecilia