El implacable vaivén
de la ola,
el minucioso recorrido
hacia la forma definitiva,
un mar en ruinas.
Y voy y vengo,
abandonada a la dejadez
del caos,
y sé
que no hay salvación posible
para el rasgo inocente.
El silencio es un grito
acostumbrado a callar,
que espera.
(De La frente de una mujer oblicua)