lunes, 25 de julio de 2005
¿Por qué nos excluimos hasta convertir al recuerdo en una sed atroz? ¿Por qué esta continua insatisfacción, este deber habituarse a acostarse derrotada?
Oscurece, y al final los únicos que se quedan son los que nunca se han querido marchar, quienes durante épocas invernaron en el desencuentro, sin que yo los sintiera. Permanecen aquellos que comieron en mis entrañas, que las mordieron cuando ya no sabían que más tomar de mí. Se quedan besando la cera, velándome como una nostalgia de lo que se reniega. La vida podría ser más fácil sin estos extravíos absurdos, sin coserse la boca porque no se debe...
Pero el ansia no entiende de normas y conveniencias, sólo de cuerpos revolcándose en tierra y barro, sumergiéndose en aguas termales, quemándose al sol de los placeres más primitivos. No soporta los latigazos de la frustración, de las realidades que vociferan que no puede ser. Y qué importa que ellos me hirieran, si ahora estoy herida por culpa de la memoria, herida y sola, atada a ella.
Pido el tacto del dolor, la voz del dolor, la mirada del dolor, el aroma del dolor, el sonido del dolor, dolor palpitando en los cincos sentidos, dolor del presente y no evocado, no los añejos ni los carcomidos por el hastío de doler lo repetitivo. Que los nombres que me acechen no sean muertos o viejos conocidos.
Pido presencias en el memorial de mi encierro, no puedo seguir viviendo en este bosque deshabitado, visitado únicamente por fieras ensombrecidas.



9/7/05
Publicado por Bohemk @ 2:45  | Bohémktika
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