De quien siempre anuncia despedidas y luego no es capaz de marcharse. Aquí me hallo, en un ciber estafador de mierda, acosada por el bullicio y llorando sin reparos entre desconocidos. No es un simple problema de lágrima fácil, sino de una profundidad demasiado agujereada por pinchazos y golpes. Vine a comprobar que siempre pierdo, que mientras divago y embrollo argumentos y defensas para otros, al final me lamo esas heridas en un completo abandono. Creí que podía ganar batallas, pero sucede que hay almas que por muchos que hagan, de poco sirven en la guerra. Perdedora porque olvido que no soy más que la chica de una noche, de un mal sueño.