NO me arrepiento de nada y de nada me retracto.
Ya no manipularía las manecillas del reloj, ni inventaría una máquina del tiempo. Ya ni siquiera tomaría el tren hacia el pasado.
Ya no arreglaría errores que se han oxidado en el recuerdo, sólo me limito a engarzarlos en el collar de la resignación. Si pudieras mirarme ahora con él puesto, no me reconocerías, se me ve así tan linda, tan luminosa, tan bellamente serena...que ya nadie se acordaría de condenar a nadie, ni de que alguien me hubiera desfigurado el rostro con el ácido-dolor.
No, esta OrfeA salió del infierno sin volver la cabeza, poco le importa ya quién le siga, que dejó atrás, cual fue la suerte de aquel Eurídico, amor muerto.
Pero hay fechas que hacen más suceptibles a la memoria, que nos sacuden por dentro con un escalofrío y entonces es inevitable no acudir al cementerio para dejar en la tumba del recuerdo esta pequeña flor violeta.