Soy un auténtico fracaso.
¿Para qué me procrearon si no tengo función en esta vida? Pobres creadores míos, cómo se equivocaron aquella noche en la que no copularon bajo una conjunción pragmática, los planetas estarían dormidos o al borde del suicidio. Pobres, pobres ingenuos que simplemente moldearon el barro de una futura urna de cenizas.
Extiendo mi brazo para tocar la pared que han levantado mis ideas y me transformo en grieta con el solo toque de la decepción. Lo que mis dedos recorren son los relieves de una lápida: Aquí yace un interrogante, una utilidad vacía, un cuerpo destinado a lo inservible, un silencio que no esconde ninguna maravilla. No hace falta rezar por su alma, como ella, de nada serviría.