De ahí la necesidad imperiosa de que el aire acondicionado esté funcionando de 10 de la mañana a 12 de la noche. Descansa algún rato de noche, cuando me cabreo con el personal por parecerme innecesario y exagerado que a ciertas horas siga expulsando aire y reventando los gráficos de consumo.
Y gracias a : entrando, frío, saliendo, calor... ahora tengo el cuerpo resentido y ardiente, no de libidinoso deseo, sino de dolor y fiebre. Delirio, mareo y hastío de gimotear en la cama.
Con lo sano, económico y tradicional que es un buen abanico.
ains, qué malita estoy.