sábado, 21 de mayo de 2005
A menudo me he creído muy desdichada, siempre en un tiempo anterior a la reflexión y los desenlaces; después llegaba aquél en el que sonreía y abrazaba a ese recuerdo con compasión, ternura y aliento: viste, mira qué suerte, la vida te acaba dando lo que te mereces. Pero no, no es cierto, sólo da la ilusión del instante, la materia para construir anhelos, castillos en las nubes. Quizás naciera incapacitada, sin aptitudes para ver realizado lo que esbozó con esos útiles mi imaginación. Y así me quedo siempre, con el sueño en el aire, inmaterial, inalcanzable, injustamente lejano. Me he creído desdichada, más veces aún lo he sentido, he llegado a acomodarme en ese estado, a encontrarlo incomprensible y desquiciadamente cómodo, incluso voluptuoso y también me he enfrentado a quienes se atrevieron a juzgarme y a infravalorar lo que siempre me ha atormentado: "El sufrimiento no es objetivamente evaluable", Ciorán dixit.

No sé por qué suelo quejarme tanto, si me he dado cuenta de que en aquellas horas de letargo, al menos estaba tranquila, nadie me inquietaba, no dependía de otras apariciones para recibir mi dosis de oxígeno.


En esto se resume mi existencia. Pensarlo me entristece, pero ya dije, me he acostumbrado a no esperar encantamientos, a hacer lumbre con las hojas de los cuentos realizables, así que no siento frío, ni el aviso del llanto. Estoy bien, no pienso de más, no saco nada en claro, solamente contemplo este cactus que me acompaña y me alegro, al menos, de creer en las metáforas:
un cactus solitario en un macetero de colores que apenas necesita agua para sobrevivir.




Bohémk en impromptus de teclado
Publicado por Bohemk @ 14:31  | Microkosmos
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