Como hace unos meses que arrinconé por inconstante mi diario de papel ( un reducto alejado de las pretensiones formales, pedantes y literarias), ahora no me queda otra que dejar testimonio aquí de mis más terribles frivolidades. No es para tanto, me dirán, pero a menudo me doy tanta vergüenza de mí misma, que preferiría ponerle un candado a mis acciones y sobre todo a mis pensamientos.
Fui una niña de crecimiento y experiencias vitales algo retardadas,así que no es de exrañar que a mis 21 años me encuentre en el apogeo de mi edad del pavo. Aunque es un caso curioso, porque vivo en una década de fusión, donde se me han ensamblado las crisis, una tardía, otra precoz: la adolescencia casquibana con el desaliento de los 30. Un asunto a estudiar. Y yo me pregunto, dentro de unos años... qué inesperada edad se apodedará de mí??? A lo mejor nunca seré joven, tampoco vieja. Esperaré a ver.
Mientras tanto relato el hecho tonto que acaba de sucederme. Salía totalmente satisfecha con mis recientes y venerables esfuerzos por acudir a las clases de literatura francesa II, por la tarde ,tras 4 meses de ausencia y sobre todo por no haberme marchado cuando la profesora nos anunció que hoy dedicaríamos las 2 horas a hacer un comentario de un texto de Proust. En ese instante me vine abajo, quería llorar, hacía siglos que no me enfrentaba a un texto y menos de la complejidad de la escritura de Proust. No sería capaz, me estaba cagando en mi nuevo caracter de mujer esforzada y responsable, dónde estaba mi cama???. Pero no, mi auto-conocimiento me ha enseñado que todos mis fracasos y frustraciones se deben a una sola palabra que no es incompetencia, sino pereza. Y voilà, acabé rellenando un folio por las dos caras de un análisis incogruente, pero lo importante es que lo conseguí hacer, que no abandoné antes de tiempo. Me siento orgullosa. Por lo que me merecía un premio: en vez de sala de estudio...sala de internet!
y.... merde, se me acaba el tiempo y no llego a contar el suceso. Bueno, lo publico de todos modos, no lo dejo en la reserva como tantos otros, porque así me obligo a que cuando vuelva otro día lo complete.
Sigo sin acceso de más de 2 minutos a internet, pero mi vida sigue bien, supongo, al menos aparecen signos que me advierten que algo está cambiando, que a la viajera del vaso vacío le están vertiendo agua dentro.