De haber sabido antes que todo pasa, no habría vertido mi sangre sobre el mañana, no habría invocado al panteón de los dioses para que se llevasen mi cuerpo al lugar más alejado de la tierra, allá donde ni una leve brisa me rozase para hacerme saber que seguiré temblando y que esa misma ráfaga también a él le habría rozado.
De haber sabido- con esta suavidad de certeza que deja en los labios la experiencia- que todo pasa, no habría ofrecido mis venas a los filos, no habría derrumbado mi sonrisa en cada golpe de recuerdo, no me habría negado al cosquilleo de sentir bajo el abrazo de otros nombres, no habría escrito mi epitafio con una mano enajenada por su sombra.
De haber sabido que todo pasa, que tanto la delicia como el dolor se van erosionando con el soplo de los días, que van perdiendo la fuerza con la que violan nuestros cuerpos, que se agotan mucho antes que el aliento y que, poco a poco, se van olvidando de nosotros, escapándose como un enfermo que va perdiendo la memoria, abandonando nuestras vidas como un amante ingrato. De haberlo sabido, habría desplegado antes las sábanas que hoy me arropan durante el sueño, sábanas de calma, esperanza y deseo, en un lecho que ya no llora su hueco, que no teme la zanja que hizo del colchón un nicho.
Bohémk