La venganza se sirve en plato frío.
Por fin llega hasta mí en bandeja
de suntuosa plata, ricamente
aromatizada y sugestiva.
Pero ha pasado tanto tiempo
desde que esperé probarla,
que ya se me quitó el apetito.
Así que puedes respirar tranquilo,
tampoco a ti te clavaré mis dientes.
Cecilia Sainte-Naïve, Puentes de un solo lado