POR HABLAR DE TODO UN POCO, EL TIEMPO
Fui un caracol previsor y eché a la maleta mi paraguas (plegable, ligero y de color verde, por supuesto). Había cotejado varias páginas metereológicas: llovería los dos primeros días de la semana, seguro. Es lógico en una ciudad en la que las inundaciones han sido a menudo noticia, la más sonada durante mi estancia allá (los pobres patos se asomaban nadando a mi ventana, lo juro). A pesar de la lluvia, sabía que después ni siquiera sacaría el paraguas, pero de no llevarlo, me pasaría todo el viaje reprochándome mis descuidos, idealizando el objeto como el enser más necesario de mi vida. A veces soy tan desquiciademente ridícula...
Al llegar allí me sorprendió el maravilloso y primaveral clima
pre-abril, me dijeron que apenas había llovido ese año. Increible, esto es el cambio climático, me dije, que va a acabar con nosotros,¡ el apocalipsis!. La semana, efectivamente, comenzó con lluvias y yo me quedé bien satisfecha de haber evolucionado hacia la perfecta mujer pragmática q alguna vez tanto envidié, aunque como una no puede renunciar tan facilmente a su naturaleza, el paraguas no salió de la maleta. "Ay, ceci, q tendrás q contigo han venido las tormentas!", sé que mis nenas me maldijeron un poco. Me uno a todos esos seres que se sienten estafados, defraudados y damnificados por las erróneas previsiones metereológicas: no llovieron dos días, el mal tiempo no cesó en más de una semana. Me encanta ver llover, pero no un sábado a la noche, el agua jode los sábados a la noche lo que después sólo jodería el alcohol, la esmerada reparación de la apariencia. y hay q ser pedante para no decir las
pintas Aunque a mi lo que más me preocupaba era pillar mis típicos y muy terribles catarros. Aún así el paraguas seguía reposando inamovible en la maleta. Llovía, estuvo lloviendo todo la semana, pero el sábado reté a esa continuidad y, como no, tampoco me saqué el paraguas (tan ligero, tan plegable, tan bellamente verde). Tuve que improvisar, volví a tener el amago de mujer pragmática y me apañé esto q presento a continuación como protege-cabeza:

Por si no se distingue bien en la foto, es una bolsa recoge mierda de perros, de gracioso diseño, negra, elegante, sobria y después de mi encendido de bombilla cerebral, también multifuncional
El paralelismo, poético o no, entre mi cabeza y su contenido y las caquitas de cualquier tipo, las dejamos para otra ocasión más creativa. Por cierto, q ese día tenía un poco cara de perra, lograron que me enfadara, algo insólito, solamente me duró un rato. Lástima, son estados muy enriquecedores para mi auto-conocimiento
Vaya, vaya, que te ha gustado y quieres una? pues busca un poste como éste y coge unas cuantas, hay que aprovecharse de todos los servicios municipales y además no sería malgastarlas, porque la cantidad de mierdas que hay que ir sorteando por la calle es signo de que no debe haber mucha información sobre su uso. Me apunto para hacer campaña.
La noche acabó bien, poco alcoholizada, por cierto, aderezada con unas cuantas e idílicas gotas de lluvia y yo sin bolsa en la cabeza (alguien me ralló con los componentes desinfectantes q llevan este tipo de bolsas), el pelo alborotado y la sombra corrida. Y en la boca cambié el cigarro y el incipiente enfado de perra por una libidinosa sonrisa. Es lo q me ofrecen mis noches.C´est fini.