Y al fin y al cabo nada es terrible, nada importa, nada es inútil, nada es idiotez, nada es un error, nada es un auténtico fracaso...
Y todo acaba convirtiéndose en liberación, en autoconvencimiento de que
aquello fue la vía sinuosamente acertada, el trago amargo que limpiaría tus entrañas, el capítulo tortuosamente didáctico para releerlo y aprender de él, sobre él y después dejarlo perderse en el olvido, el capítulo, pero no lo aprendido, pues eso será lo que finalmente quede, aun siendo una ínfima nota de sabiduria, una fruslería de haiku :
Sin parásito agarrándose
al pecho/
qué bien se vuela .
Ya no los echo de menos, estoy fuera, las puertas que ahora tengo delante son distintas. Y mientras me pienso cuál abrir y cuál no, si debo arriesgarme otra vez a jugar con manos de fuego, que arropan y después abrasan, disfrutaré de este renacimiento, de esta nueva e inaudita felicidad de sentirme viva.