I
Un temblor me sacude
y beso el suelo.
Mientras, puedo sentir
como la serpiente
del pecado
se apodera de mi carne
enroscándose
en mi estómago,
oprimiéndolo,
desquiciándolo,
devorándolo.
Y quizás haya engullido
al amor,
porque cuando pienso en él
ya no siento
mariposas.
II
Encima y debajo
de tu cuerpo
he ganado una batalla
de la que no conoces más
que unos agonizantes
y jubilosos alaridos.
Y así me bebo tu sudor
como ambrosía de lujuria,
como néctar de victoria.
III
Me estoy volviendo loca
de tanto recordarte,
de tanto ir contando, uno a uno,
los días de abismo sufridos
en todo un año
sin sentir tu lengua sobre mí.
Cecilia Sainte-Naïve,
Puentes de un solo lado