viernes, 11 de marzo de 2005
I
(ESTE)




Montpellier y su puente
ya no tienen un solo lado.
El amor y el deseo
ya no cojean, ni se ahogan.
Regresan las dos orillas:
mi lado de acá,
su lado de allá,
pero Rayuela esta vez, creo,
no empapela nuestras vidas.

El corazón se ha desarmado
para reciclarse
y convertirse en el armazón
sonoro, delicioso y pulido
de un pasadizo aéreo
que no se sostiene sobre la nada.
Ha desaparecido el vacío
al mismo tiempo que tu sombra.





II
(NORTE)




El puente has sido tú.
Tú has sido el puente
de esta ciudad de sueños,
de libertades, oasis al que
llegarían los amantes
abrasados por la sed
de las distancias,
esos que vivían esperando
el duelo con la ausencia,
esos que retaban al imposible
sobra las vías del tren,
esos que se reencontrarían
anunciados en otro idioma.

Esos, aquellos, nosotros,
en un puente sobre nuestro norte.





III
(OESTE)




Mientras te esperaba
te busqué en todos los horarios
de las trece-dieciséis o veintiuna y quince,
en todas las señales
A-9 Barcelona,
en todos las calles por las que
soñaba conducirte,
mi mano debajo de tu mano,
arropándote con todo el amor
que estaba ahorrando para ti.

Te esperé en cada tentativa de perdón,
de olvido, de disimular tus traiciones.
Porque en uno de esos errores
que, afortunadamente, sólo se cometen
una o dos veces en la vida,
te amé más que a mi propia existencia,
más que a mi cabeza, que a mi dignidad,
que a mi razón, que a mi bien, que a mi sueño.

Por eso, porque me equivoqué jugando
apasionadamente a Penélope y a Julieta,
hice de mis días un altar de tortura
en el que ofrecerme a ti y adorarte.


Y omitiendo el escabroso relato
de cómo se derrumbó aquella estructura,
de cómo el amor más bello de mi historia
se transformó, injusta y lentamente,
en el odio más sangrante y mortífero,
hemos llegado al final de nuestro viaje,
al final de todos los finales,
al final de la rabia, del dolor,
del sacrificio, de la locura.





IV
(SUR)




Gracias, mi ya-no-amor,
por haberme traicionado.
Montpellier no era nuestro puente,
no estaba destinado a unirnos.
El puente eras tú.

Es por ti que mi ansia se va al sur,
al sur de tu sur,
al sur de mi sur,
allá donde la caricia y la sonrisa
son puras y no cesan,
donde no encuentro sus espinas,
donde la pasión no se traiciona,
donde me llaman Cecilia
sin que suene el eco de otros nombres.

Ahora mi corazón viaja al sur
y el cuerpo que cubre al amor no es el tuyo.
Tú solamente has sido el puente,
armazón de hierro y lodo,
y este poema no es nada más
que la última piedrecita
que desde el cielo
le arrojo a tu recuerdo.






Bohèmk, 2/03/2004
Publicado por Bohemk @ 21:15  | Bohémktika
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Comentarios
Publicado por Invitado
viernes, 21 de julio de 2006 | 21:32
Hace meses que leo tus palabras, no ceso de viajar entre tus meses buscando el consuelo, la soledad, la alegría y tantos más sentimientos que en ellas depositas haciendo que me conozca mejor a mi misma y a la poesía. Gracias a tus renglones me animé a escribir los míos, a soltar la mente y engordar los folios en mi libreta de sentimientos. Sin conocerte, te siento, te admiro y te considero una de las pocas estrellas que han logrado guiarme. En mí, una amiga.

Anabel