lunes, 07 de marzo de 2005
Anoche triunfé con la élite de la ciudad. Profundizando en el mérito, se trataba de un chico Fumador. No sé qué ven en mi algunos niños de papá, quizá algunos resquicios de mi soterrado esnobismo, la elegancia de mi silenciosa indiferencia ante ellos o tal vez el respeto con el que atiendo sus comentarios antes de darles largas de la mejor forma posible. No sé, no le encuentro explicación, pero el número de apósitos licenciados con coche, chalet y cazadora Burberry que me asedian, crecen y crecen preocupantemente. Tendrán razón mis amigas, acabaré casada y con un pijo, para más inri.

Éste era guapete, ocurrente, graciosete, satírico, culto y francófilo, así que decirle que estaba en Filología francesa fue mi sentencia. Empezó nuestro encuentro alabando mi nombre y mi mirada y acabó pidiéndome que le susurrara te quiero con toda el alma en francés, aunque no lo sintiera "Bien sûr. Je t´aime avec toute mon âme". Sus ojos se quedaron peligrosamente fijos en los mios. Chillé cuando me preguntó por un nido de amor.Quizá en otra circunstancia, en otro lugar, en otro tiempo... No quise que me acompañara a casa.

Puede que provocara una brecha en mi destino, que debería haber estado más receptiva, salir a la cubierta, olvidarme ya de mi carcomido pasado, de negarme a cualquiera que no haya formado parte del museo de mi memoria, pero después de aquel je t´aime fictio y vacío me quedé derrotada. No sé mentir y no quiero ser práctica y tener a alguien que me convenga, en todos los sentidos, no sé vivir cómodamente, querida metódica y posesivamente todos los días. Además, mi brújula apunta todavía al sur, al hombre del abrazo sensible y marginal, al amor de funámbula suicida, adonde se me van palabras que sí siento con toda el alma, pero que tengo que callar.
Publicado por Bohemk @ 0:07  | Microkosmos
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Publicado por Invitado
lunes, 22 de agosto de 2005 | 21:59
Ahora ya te comienzo a entender. comienzo a encontrar el sabor especial de cada palabra a pesar de no tener entre mis manos la dimensión del papel. Un día me dijeron que el escritor está condenado a la tristeza para ser capaz de escribir cuestiones de tal intensidad. Leyendote encuentro el mundo de cabeza del que hablas... me encuentro del otro lado. Yo opté por un amor sencillo. No soy capaz de vivir del recuerdo.