Presentación en sociedad de mi segundo agujero.
Nacemos con las perforaciones corporales necesarias, las otras, como las de los lóbulos de las orejas, son culturales, luego no son necesarias. Ésta fue la argumentación de mis padres para no taladrarle las orejas a sus pequeñas. Sí, fui una niña rara para la sociedad que no podía ser reconocida como tal, porque hasta que a los once años no empecé mi desarrollo, las confusiones con mi género eran de lo más corriente: era una niña sin pendientes y de pelo a lo
garçon, a menudo me confundían con un niño. Lo que no me explico es cómo podía ser, con lo presumida ( lo que no me maquillo ahora, ya lo hice bien con un par de años) y repipi que fui en mi infancia. Ese hecho me marcó bastante, pero no me llegó a traumatizar, creo. Aun así siempre sentí una especie de carencia y frustración cuando todas podían lucir preciosos pendientes y yo sólo clips ochenteros horterísimos en acontecimientos especiales.
A los 16 o 17, no recuerdo, en el comienzo de mi revolución personal, decidí acabar con esto y sintiéndolo como una pequeña prueba pendiente a superar, un día me impuse una fecha y una hora para dirigirme a la farmacia, tenía que tener de una vez por todas agujeros. Pero pensé que ya que había tenido un rasgo distintivo durante toda mi vida y que eso hasta me llegó a gustar e incluso a definirme (aceptaba encantada mi papel de perra verde), por qué no conservarlo en parte, por qué ser chica convencional y llevar dos agujeros, si yo lo único que quería era contentar mi deseo de decorarme... Por eso llegué a la farmacia un día de arrebato y me hice un agujero en la izquierda, con lo que la situación era incluso más anecdótica, porque chicas sin agujeros en las orejas hay alguna que otra, algunas modernillas se ponían nada más que uno, pero con uno solo (sin que se le hubiera cerrado el otro anteriormente), todavía menos. El incoveniente era tener que comprarme a veces el par usando solamente uno, pero como soy una desastrosa, tampoco venía mal tener el otro de reserva. Después me encontraba con el comentario típico de la gente cuando se fijaban en mi oreja "Oye, que se te ha caído un pendiente" y yo, paciente y complacientemente explicaba la historia de mi pequeña extravagancia.
El otro día pasaba por una farmacia y me fijé en su anuncio "Perforamos sin dolor", y es que hay tan pocas perforaciones que no sean dolorosas... en fín, q me dio la rapía y entré a hacerme otro agujero -a cinco minutos del cierre, para importunar un poquitín- , pero no en la oreja derecha, esa la mantendré siempre intacta, sino un segundo en la izquierda, para poder hacerme composiciones de las mías, que también me hacía ilusión.
Ahora, que lo de sin dolor debería ir con un asterisco, porque me fue a pillar un punto que... bufff, mejor no tocarlo. Aun así ahora me pregunto: ¿dónde será el siguiente?
Nada, un tema tonto, por ir compartiendo mis cotidianidades más supérfluas