Mi reciente y profundo interés por conocer los entresijos del comportamiento humano y sus razones de ser en cuestión de relaciones sentimentales, me tiene inmersa en lecturas de temas psicológicos y libros de autoayuda, como
Marte y Venus comienzan de nuevo de John Gray, autor de best-sellers en este ámbito (escribiendo sobre temas que afectan tan universalmente, el éxito se tiene asegurado). La verdad es que siempre he tenido muchos prejuicios (como auténtica "prejuisiosa" que un conocido argentino me dijo ser, después de una acalorada y alcoholizada conversación, dicho sea de paso) sobre este tipo de manuales, pero he de reconocer que éste me ha dejado anonadada con la cantidad de resoluciones que he encontrado en él relativas a mi situación actual. Mientras leía algunos párrafos sentía como si por ejemplo hubiera ido a una consulta del tarot y me estuvieran desvelando, sin profundizar, pero con exactitud, lo que acontece en mi vida, mi manera de actuar tan psicológicamente femenina y sus repercusiones en mi estado de ánimo y en mi trayecto. Asombroso.
Pues bien, en uno de los capítulos de la parte dedicada a analizar las conductas más comunes de Marte (el hombre) tras la pérdida amorosa, di con un punto que me abrió los ojos como platos ante tan esclarecedora y necesitada revelación. Después de machacarme la cabeza durante estos dos últimos meses pensando y pensando
por qué después de aquella noche no volví a verlo más, si sus palabras y sus gestos hacia mí evidenciaban bastante interés por conservarme cerca de él ( si no a su lado), esbocé varias hipótesis sin que ninguna le dejaran en buen lugar, todas me convertían y reafirmaban como la víctima de un cabrón, sin más. Pero no me podía contentar con mis conjeturas, sabía que tenía que haber un por qué que justificara su reacción. No sé tanto de la vida como creía y menos de las personas, y de aquellas con conductas cuestionables, aún menos. No tenía que irme muy lejos para intentar analizarlo, bastaba con tener en cuenta que era un
hombre q estuvo enamorado bastantes años de una chica que le acabó haciendo pedazos. Yo aparecí en el peor momento, en el supuesto final de la relación - aunque quizás apareciese para volverlos a unir, no sé qué será de ellos- y a mí quien también me llegó fue este señor psicólogo para completar el resto de la repuesta...
El hombre en fase de euforia (aquella que experimenta nada más producirse la ruptura y que le lleva a liberarse del problema iniciando inmediatamete una nueva relación sin haberse tomado tiempo para curar el dolor ) busca el consuelo en el amor de una mujer y no está listo para un compromiso. La mujer suele sentir más esta equivocación. El hombre herido aparece en su vida y la colma con su aprecio, su gratitud y su amor, y entonces se aparta. De pronto sus sentimientos han cambiado sin ninguna razón aparente.
Ahora que ha apagado el fuego de la deseperación, no necesita ni aprecia a la mujer. Aunque entró en la relación como una tromba, ha perdido el interés de inmediato.
Cuando un hombre en fase de euforia asume un compromiso, le resultará muy difícil mantenerlo. La mayoría de las relaciones iniciadas en la fase de euforia no duran.
Al acabar con su relación, el hombre puede sentirse un fracasado. Para demostrar su hombría o su competencia, buscará una pareja sexual para anotarse un tanto. También sucede que éste confunda la necesidad de amor con la de sexo. Su ansia sexual en la fase de euforia es una necesidad sustitutiva, al igual que el alcohol y las drogas. La necesidad verdadera que ésta encubre es la necesidad de curar sus sentimientos y la de compartirlos.
Una mujer prudente sólo hará el amor con un hombre en la fase de euforia si no tiene expectativas de un compromiso duradero. Tendrá claro que él podrá dejar de llamarla en cualquier momento. Sus sentimientos sólo has sido temporales. Sin esta percepción,cuando él rompa, ella tendrá que enfrentarse al dolor y al sentimiento de traición, y él tendrá que enfrentarse a los sentimientos de culpa.
Comprometerse en la fase de euforia casi asegura que, tanto uno como otro, se relacionen con la persona equivocada.
Puedo aplicar perfectamente esta teoría, aunque aún me falta lo más importante, la explicación de
él, pero al menos tener en cuenta esos significados me supone un cierto alivio, y además, ya saqué algo en claro:
1- Las diferencias típicas y tópicas entre los dos sexos en las cuales no quería creer, están demostrablemente latentes.
2- A veces los detalles que parecen incomprensibles tienen un origen incosciente, no premeditado, ni retorcido ni malévolo, simplemente humano. Me enredo en mi propia maraña con tanta conjetura desquiciada.
3- La próxima vez procuraré que aquél del que me enamore haya acabado su última historia muuuuuuucho tiempo antes de conocerle. Ya sé cual será una pregunta imprescindible en el abordaje...