Ayer, hablando con una buena amiga (de las pocas que ya me quedan en este proceso selectivo en el que me he embaucado tras profundas decepciones), empezamos a comparar nuestro destino y a competir por la existencia más anodina. Desde que volvimos, cada una de su respectivo país, las cosas han cambiado mucho, también nosotras, vivíamos entonces al límite y ahora esta ciudad se nos ha convertido en una cárcel. Ella me dijo que yo no me podía quejar, que a mí me pasan cosas bonitas: aparecen niños que me "como" (si supiera que son ellos los que se tragaron hasta mis entrañas...), apruebo el teórico de conducción a la primera (uno de esos temas que dejé pendientes hace 2 años), me saco una asignatura que también dejé pendiente de segundo, saco sobresaliente en otra. Pero no hay un etcétera. Todo se queda ahí, y en lo que respecta a esos chicos... prefiero no tocar hoy el tema. Yo le contesté que ya era hora de que me ocurriera algo bueno después de tres angustiosos y tortuosos meses de depresión, de sufrir el acoso de la mala suerte, de desear únicamente estar muerta. Ojalá todo esto me hubiera sucedido entonces y no hubiera tenido que verme al borde del precipicio. Pero la marcha se reemprende sólo cuando la maquinaria está lista y en condiciones para viajar. Yo empiezo a estarlo ahora. Aún así, no me encuentro plenamente satisfecha, no tengo una concepción bella de los sucesos, no demasiado especial, la sonrisa es puntual, momentánea, con una inmediata fecha de caducidad. Ya no espero nada espectacular del destino, tampoco lo deseo, no es mayor el temor que la pereza a tener que recomenzar cada vez que te mecen, te embriagan, te despliegan, te abren, te absorben, te retuercen, te apartan, te dejan tirada, te hacen comprobar lo bien que te olvidan... Y nunca te olvidan, pero eso tú no puedes comprobarlo, claro. Pero sí, hay cosas bonitas que sólo son bonitas cuando no hay nada más centelleante, cuando aparecen piezas del puzzle de tu vida que no tienen forma de corazón, ni parte de letritas de otros nombres. Porque no todo es amor en esta vida, coño.
Será que es el tiempo de los aspectos olvidados, del tiempo consagrado exclusivamente a mí, a dibujar y colorear lo que ahora está al alcance de mi mano y decir que sí, que me ocurren cosas bonitas, aunque me coma a niños que después se me atraganten porque yo los quería retener en mi vientre, pero no pudo ser. Cosas bonitas en esta época para aprender a verlas y para dejar de ver lo que ya no me espera, lo que antes sí que me pareció "bonito".
Pd.Una pequeña, pero significativa, confesión de madrugada: escriba lo que escriba, cada vez me siento más feliz, al menos conmigo misma.