viernes, 04 de febrero de 2005


Para Hierba, a quien nunca supe decirle que hubiera querido amanecer junto a él todos los domingos de mi vida.





Domingo. Once de la mañana.
Despertamos cada uno
en un lado de la cama.
El sol derritió nuestro abrazo.


Nos giramos para reconocernos,
para comprobar que esta noche
ninguno ha dormido solo,
y me sorprendes con una mirada
tibia y lejana
que sé bien que disimula
lo que tu corazón esconde.


Me acerco a ti para buscar
la ternura que me regalaste a oscuras,
los te quiero silenciados por los muelles.
Me acerco con la sonrisa del goce
reclamándote un beso de buenos días.


Pero me apartas y congelas tus gestos,
porque sólo amaneciste para decirme:


"Hay que cambiar las sábanas,
huelen demasiado a amor".





Bohémk, 10/7/03
Publicado por Bohemk @ 21:47  | Bohémktika
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