“Te quería” (M.)
Dos únicos recuerdos me dejas en las manos:
cicatrices de ayer que hoy descubro,
y el amor, castigo de Tántalo,
como un fruto prohibido
que no me está permitido alcanzar.
¿Por qué ya no me dejas beber de ti,
alimentarme de tus labios?
¿Por qué me obligas a esparcir mi deseo
entre esta rabia de cristales rotos
que me rasgan las entrañas?.
Pero así no matas al amor, mi amor.
Nos abandonas con el aliento en los labios,
expirando inagotablemente,
sin saber si algún día llegaremos
a vestir tu recuerdo de negro.
Sé que siempre será violeta.
Inmutable.
Me deslizo por tu cuerpo, sin tocarte
- la distancia es ahora un abismo cercano-
y siento como las hormigas de la esperanza
desandan sus pasos, escupen nuestras miguitas,
se esconden en una gruta bajo tierra
construida a golpes de impotencia.
Así, sin permiso para tocarte, súbita ciega
por palabras arrojadas como ácido sobre mis ojos,
que siguen buscando a los tuyos confundidos,
pero ahora para no mirarse. Prohibido mirarte.
Y si me deslizo por tu cuerpo tocándote,
corrompiendo tus fieles promesas,
ya no te siento respirar sobre mi pecho,
quizá porque dejé de ser tu aire, tu pulso,
tu ansia, porque he dejado de ser tu vida.
Mientras que tú, tan indiferente,
deslizándote en mí, rozándome cada llaga,
solamente vienes a destrozarme la garganta
con mariposas que revolotean moribundas,
recordándome mi fracaso ante ti, azotándome
el corazón con la fusta del pasado: "Te quería".
De nada sirve en mi presente, yo aún te quiero.
Sí, callaste tu amor con mi silencio,
pero el mío, Amor, condenado a otro silencio,
no callará nunca.
26 de agosto del 2003
Poema escrito cuando él dormía plácidamente sobre mi cama, mientras que yo, en otra habitación, me consumía de amor-dolor.