Saltar por un precipicio
es fácil,
sólo es cuestión de abandonarse
al vacío,
de no pensarlo
o de concentrar en dos segundos
toda una inservible vida
de derrotas y tristezas
para dejar al cuerpo caer
en una épica tentativa
de volar como un pájaro
inconsciente y mutilado
y así caer
y despertar
y caer
y llorar
y caer
y recordar
y caer
y rogar
y caer
y rezar
y caer
y llorar
y caer
y no saber, en la nada,
de cual de las dos muertes
-la de partir o la de seguir viviendo-
te salvará el abrazo del suelo.
Bohémk, 22/11/04