¿Qué conservo de ti, Hierba? Nada, absolutamente nada que pueda aprehender con mis manos. No me queda apenas un rastro tuyo que sea material, visible, empírico, que pueda tomarlo para decir que al menos logré retenerte en la más insignificante cosa. Nada, ni un papel atestiguando tu presencia, ni aquella flor arrancada en un simulacro de demostración de amor- el rancio romanticismo fue para nosotros solamente una extravagancia en medio del delirio-, ni tan siquiera una fotografía después de nueve meses explorando tus contornos, porque tampoco con el objetivo de una cámara fui capaz de tomarte para quedarme con algo tuyo.
Es extraño tratándose de mí, de una pequeña fetichista que ha llegado a almacenar todo un cajón de porquería conferida de pasión: como una colilla embalsamada de aquella primera vez, la etiqueta de una camiseta cortada con las tijeras suicidas que en mi mano apuntaban llenas de amor hacia su cuerpo- y digo suicidas porque de no haberlo hecho, de no haberlo traído hasta mí, de no haberle confiado mi corazón y mi vida, de no haberlo antepuesto a ti, me hubiera salvado. Sabes que hablo de él - y otros tantos ridículos objetos que componen el museo de mi vida y de los que sólo yo sé apreciar su curioso valor. Pero tú no apareces por ningún lado y no entiendo como en tanto tiempo no se me ocurrió recoger un cabello, una uña cortada, las legañas brotadas en las noches de sueño junto a mí, la saliva de las pocas veces que me pareció oírte decir mi amor.
Me lo he reprochado tantas veces que ya no me quedan argumentos para comprenderme, porque agoté todo el decálogo de defensa de la estupidez. Y quiero una prueba del único año en el que pude ser feliz y no tengo nada y tú no apareces como ceniza bajo ninguna colilla, ni puedo recordar tu olor a hierba aspirando una etiqueta hasta la tráquea, ni puedo mirarte detenido en un tiempo, inalterable, gritándome que estuviste ahí, para mí, pero que no supe resguardarte. Y quiero mirar atrás y llorar con razones, pero no tengo más que el relato del lado de mi historia y la duda de si esta nostalgia sombría tiene razón de ser cuando no hay nada más que pueda probarla.