Necesito que se mueran los peces
de la fuente de Cánovas.
Todavía me duele verlos nadar,
aletear en mi memoria para hablarme
y hacerme recordar, ellos también,
que aquella misma noche
debí haberme arrojado allí contigo.
Me quedé a solas con el feto
de tu esencia
clavándose en mis entrañas,
adoptando la forma de tus manos
para apretar mi cuello desde adentro,
para recoger mis primarios fluidos
y negárselos a Otro cualquiera.
No he vuelto a confiarme en el placer.
De palabras indecibles
he construido mi condena.
De caricias embalsamadas
la esperanza de un regreso
imposible o herido.
Bohèmk, 3/1/05